IT’S NO GAME (PART ONE)

Shirmeto ya kage ga ka ku mei o miteiru

Mo tengoku no giu no kai dan wa nai

Vértigo. Pero muuuuuuucho vértigo. Ya te vale Nereíta. Siempre la tienes que cagar. Hasta el final. No podías haber elegido otra forma. Tragarte milomás pastillicas de esas que tanto te gustan hasta perder el sentido. O un corte en las venas y al agüita tibia hasta que te lleve el sueño profundo… No, qué va, mejor a lo bestia, a saltar por los aires y a dejar un charco de sangre bonito y eterno delante del Rock-Ola. Claro, que es La noche de los fotógrafos y mal ha de ser que alguien no te haga una instantánea. Ojalá sea Ouka Lele y la llene de colorines y no García-Alix que seguro que aunque muy digna, te dejará de lo más sórdida. Seguro que sales en el próximo número de La Luna. Fijo que sí. No, si al final va a ser buena idea lo de haberte subido a la azotea de esta torre tan feuna que corona la entrada a la ciudad y que sigo sin saber por qué les llaman “torres”, si es solo una y “blancas” cuando son más grises que el traje de los guardia civiles (ah no, calla, que ahora van de verde). Supongo que el presupuesto no les daría para hacerla(s) de mármol. La culpa de todo la tiene Andrea Feldman, su rosario y su cocacola. En qué hora vi su foto. Warhol, Bowie, Deborah Harry y el sumsumcorda. Qué obsesión…. Pero ni esto es Nueva York ni esta es la entrada del Max’s Kansas City. Esto es el triste Madrid que te mata y esa es la entrada del nada glamuroso Rock-Ola. Deja ya Nereíta de vivir en otro mundo y céntrate. Él, Muso, está con una chica guapa y rica, rubiadepeluquería. Y es como todas las estrellas gualtrapas del nuevo star system: una vez les apuntan los focos, se olvidan de todo lo que hay alrededor. Serán babosos. Serán patéticos. Pero Muso, hazme el favor,

Debes dejar de producir
interferencias en mi corazón.
Interferencias
cuando te acercas a mí
interferencias
con esa loca pasión
interferencias.

Y cuanto antes, mejor. Venga, voy a saltar. Pero ya, no vaya a ser que me arrepienta. Ah no, qué va, que debo esperar a que salgan todos. Para que me vean y todo esto sirva para algo. Porque si ni él ni el resto de la modernidad se entera, este mi último y gran salto al vacío no habrá merecido la pena. Vive deprisa, deja un cadáver bonito. Pues el mío se va a quedar hecho una piltrafa. A ver si hay suerte y caigo de pie y no se me desparraman mucho los sesos. Hoy hace justo doce años que ella se tiró. Qué bonito y sentido homenaje le voy a hacer a la pobre y olvidada Andrea Feldman. Estaba ya fatal de los fatales. Se creía que el 8 de agosto era el cumpleaños de Andy Warhol, pero fue antes de ayer.

Andy Warhol looks a scream
Hang him on my wall
Andy Warhol, Silver Screen
Can’t tell them apart at all

Tampoco es cuando murió su otra musa, Marilyn Monroe que fue un 5 de agosto. Hasta eso le salió mal a Andrea. Pero, sin embargo, triste de mí y a diferencia de ella, no sé es a quién cojonas le voy a decir, como a ella le gustaba vociferar en sus momentos de subidón, “Amadme mientras podáis”. Estoy más sola que la una. Con lo que yo he sido. Andrea “Whips” se tiró un 8 de agosto de 1972 con una cocacola en la mano y con los mismos años que tengo yo ahora: 24. Y aunque podría decirse que aquí en estas Torres taaaaaaaan Blancas estoy, como ella decía a menudo, “sitting in the top of the world”, yo he decidido tirarme con una litrona. El rosario que ella llevaba lo he cambiado por un abanico para darle el toque patrio, que lo de las cuentas me da yuyu y bastante disgusto se va a llevar ya mi madre y le va a sonar más a choteo. Pero seguro que Andrea no tenía vértigo como yo. Ay que joerse. Siempre jodiéndola, Nereíta. Pues no sé como lo verás, pero tienes que saltar. Sí o sí. Así que es mejor que te vayas haciendo ya a la idea. Encanútate si ves que tal. Lo peor ya está hecho. Como ella hiciera con su ex, Jim Carroll, el poeta más rebelde de Nueva York, así como con el resto de todos sus ex, ya has quedado con el único tuyo, Muso, en la puerta del Rock-Ola. De esta forma, cuando acabe el rollo ese de los fotógrafos, no se perderá detalle de este tu último “showtime”. Ya has esquivado al portero taciturno de Avenida de América 37 diciéndole que ibas a ver a Manolito Pérez. Ya has cogido el ascensor hasta el último piso. Ya has forzado la entrada a la azotea. Y ya estás acechando la entrada del Rock-Ola desde ese borde de tu abismo, contemplando el estrellado cielo de un Madrid en llamas en otro tórrido verano. Ya has tomado LA DECISIÓN. Ahora, Nereíta, ya solo te queda esperar el momento oportuno.

Bueno, también te queda saltar, qué cojonas….

Ella siente que se acerca el fin.
El fin de algo que nunca empezó.
Fin.
Principio y fin.

….

 

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